Las palabras se acumulan polvorientas en un cajón olvidado de mi escritorio, esperando
relucir en su mejor momento como collar de perlas heredado. Impacientes se cuelan en mi consciencia taladrándome el cráneo con sus etéreas
voces -úsanos, danos vida- me piden mientras mi mente vaga intentando
aferrarse a emociones que las hagan reflotar. Pero ¿qué siento? cómo lo
siento? Si bajo este rostro aparentemente sereno irradian fuego
devorador y tormentas tropicales, vorágine de memorias fragmentadas
recoriendo pasajes de mi infancia, presente y futuro, entremezcladas con
dudas, fantasías y un pizca de sensata locura para aguantar este caos
con mucha menos elegancia de la que quisiera...
Lo único que está claro esque soy un completo desastre.