Pronunció las palabras, nervioso saboreó un último suspiro y apuró el amargo sacramento. Desplomándose en un éxtasis eufórico dejó caer el cuenco contenedor de la alquímica poción que hacía sólo un instante abrazaba con sus sudorosas manos como sólo los náufragos saben aferrarse a una tabla en medio de la tormenta. Agotado por el ayuno, determinado a volver renacido de su odisea por los paraísos e inframundos, ardiendo entre las cenizas de su ego asesinado -que se disolvía a momentos como gotas en un océano de gozo,- cayó. Zambulléndose al inconsciente biográficas visiones estallaron a su alrededor, mil películas representando cada una de las bifurcadas decisiones que poco a poco le habían acercado hasta el clímax ritual. Entonces, implosión del humano cascarón; y de él, acudiendo a su encuentro una voz primigenia, tan armónica como extrañamente familiar surgió maternal desde lo más profundo de sí mismo.
- Al fin has llegado. Heme aquí.

*Enteógeno: Dícese de la sustancia cuya ingestión en contextos religiosos, espirituales, chamánicos y/o ritualísticos evoca la divinidad interior. Neologísmo que proviene de las raíces griegas éntheos (ἔνθεος = dios dentro de mí); el estado de una persona cuando ha sido inspirada y/o poseída por el dios que ha entrado en el cuerpo -comparte raíz etimológica con entusiamo, que significa inspirado por las/los musas/dioses- y el sufijo -gen de la raíz génos (γένος): devenir, provocar, llegar a ser.