29 añitos, vaya... que rápido pasa el tiempo ¿a alguien más le
ocurre? explican los neurocientíficos que esto pasa porque de niños la
vida nos sorprendía mucho más y coleccionábamos más instantes que a
medida que vamos envejeciendo, éstos momentos son los que nos van
creando un mapa audiovisual en nuestra memoria. Si dejas de
sorprenderte, la vida poco a poco se te va escurriendo como arena entre
los dedos, así de simple. Qué raros somos los seres humanos ¿no os
parece? somos los únicos animales en el planeta con alta consciencia de
sí mismos y sin embargo nos pasamos la vida intentando figurar cómo
somos en lugar de simplemente serlo como hacen los animales. Qué grandes
maestros los animales, ellos no son ni buenos ni malos, sólo son lo que
han sido llamados a ser.
Si hoy os escribo es porque creo que
debo daros las gracias, a todos y cada uno de vosotros. Que nadie se
confunda, si estás leyendo esto significa que te considero un amigo, o
al menos alguien con el potencial para llegar a ser uno, tener una
persona así cerca es un privilegio en un mundo donde los cabrones hacen
más ruido que los amables. Veréis, a pesar de que a simple vista procuro
siempre ser amigable puedo llegar a ser muy hermético, tanto que cuido
celosamente quien puede leerme o con quien decido compartirme - siento
las contradicciones, supongo que cada uno tiene sus pequeñas manías ¿no?
- de manera que no es casualidad que estés leyendo esto.
Empezaré
por agradecerle a todo aquel que anteayer se tomó un momentito de su
ajetreado día para acordarse de un servidor. Generalmente yo no recuerdo
ni lo que comí el día anterior, soy un completo despistado, de forma
que me honra tremendamente que con todas las preocupaciones que lleva
una persona en su día a día, pueda permitirse olvidarse aunque sea sólo
por un instante de sus prioridades y enviar desinteresados buenos deseos
a alguien que lo mismo ni sabe cuando le volverá a ver. ¡Muchas
gracias!
Hubo unos pocos altruistas que fueron un paso más, que
desatendiendo sus quehaceres decidieron molestarse en venir y compartir
un poco de su valioso tiempo conmigo. Qué bien más menospreciado el
tiempo ¿no? en la sociedad de hoy podemos comprar de todo menos tiempo.
Al contrario, solemos vender nuestro tiempo a cambio de dinero, muchas
veces sin tener en cuenta si esa transacción vale siquiera la pena o no.
El presente está lleno de posibilidades, por mucho que nos pasemos el
día más preocupados por el ayer y el mañana, dejar de lado esos anhelos y
deseos propios para ofrecerle tu tiempo, atención y presencia a alguien
es el mejor obsequio que puedes hacer a cualquiera, os lo aseguro. Lo
comprobaréis el día que volváis de un largo viaje con las manos vacías y
os acojan y mimen como si fueseis el mismísimo hijo pródigo. Quizás por
eso "presencia" y "presente" - que es un sinónimo de regalo - proceden de la misma raíz lingüística ¿cuanta riqueza alberga el español, no?
No
puedo olvidarme de agradecer también a los que despistados como yo se
suelen olvidar de las fechas pero de vez en cuando aparecen como
inesperadas cometas alegrándome los días con su compañía y la luz que de
sí desprenden. El tiempo y la distancia pueden enfriar relaciones que
creíamos serían eternas e inquebrantables. Lamentablemente la vida no
espera a nadie; aunque no seamos conscientes de ello y nos la pasemos
posponiendo planes, los años pasan inexorablemente - reza el dicho que
la vida es lo que te ocurre mientras planeas como vivirla. - A veces,
caminos que parecía irían paralelos por siempre en algún punto se
bifurcan y acabas infinitamente lejos de donde una vez siquiera te
imaginaste. Si podemos entender esto ¿cómo vamos a juzgar a nadie?
Existen sin embargo raras excepciones; hay personas como gaviotas que
amables acompañan nuestras velas escoltándonos por los océanos de la
vida, desaparecen durante años siguiendo su propia ruta para aparecer un
día de la nada como espectros de un ayer olvidado, verles tan reales,
tan cambiados e idénticos por igual es un regalo de la vida. Esas
personas son máquinas del tiempo hechas de carne y hueso, poseen el
poder de enviarnos al pasado sólo con su mera presencia. Si tenéis algún
amigo así no lo dejéis ir demasiado lejos, no sea que se le acabe la
batería de su condensador de flujo y su paso por nuestra vida se quede
en una simple anécdota que compartirle ya viejos a las confidentes
palomas un día en el parque.
Hubo quienes entre abrazos y
collejas me desearon que se cumpliesen todos mis deseos. Honestamente,
no me siento merecedor de algo así; soy un desastre de persona, demasiado bien me va.
Es más, a estas alturas aún se me cumplen deseos que había olvidado,
deseos que ni siquiera me había atrevido a pedir e incluso algunos que
hasta hace muy poco había decidido guardar hasta nuevo aviso en mi
pequeño cajón de sueños ¿cómo se puede pedir más? Si estoy rodeado de
buenas gentes, gozando de salud y de tiempo para disfrutarla. No quiero
ser codicioso, dicen que no hay que ser feliz para agradecer, hay que
agradecer para ser feliz.
Quisiera aclarar si os suenan soberbias
estas sencillas palabras - que no son más que un desahogo - que la
verdad no me considero ni mucho menos mejor que nadie, sólo soy un pobre
tonto que a sus 29 años aún está aprendiendo a vivir. Si os comparto
todo esto es porque creo que es lo único y lo mejor que puedo ofrecer a
cambio todo el cariño que me regaláis. Cada uno de nosotros se ha
moldeado y marcado por las personas que le han acompañado. Somos seres
gregarios, es algo de nuestra naturaleza. Nadie se cruza en nuestras
vidas por casualidad por mucho que los escépticos y agnósticos quieran
convencernos de ello. Tu proyectas algo al mundo, y el mundo te responde
acorde a ello, esto es lo que se suele llamar la ley del karma. Habrá
quienes te den mucho y quienes te quiten otro tanto, pero de todos modos
nadie te quitará nunca más de lo que te ha dado, ya sea el pago en
lecciones o risas. De forma que si hoy soy la persona que conocéis es
porque en algún momento nos cruzamos y eso desvió ligeramente nuestros
cursos en algún punto.
Al final del día sigo siendo aquel chico
torpe, patoso y distraído que se quedaba maravillado dando formas a las
nubes y mirando las moscas en clase, aquel que silencioso se lamía las
heridas en soledad, escondiendo cicatrices bajo una amplia sonrisa
porque no quería preocupar al resto - sigo trabajando en ello; hoy tengo
excelentes amigos que saben calarme y me ofrecen siempre a tiempo
generosamente sus collejas o abrazos según haga falta. Todos necesitamos ayuda para levantarnos de vez en cuando ¿no? -
El que escogió ver la bondad en el mundo porque la maldad le parecía
demasiado evidente y el que aún cree con firmeza que un mundo mejor es
posible. En términos prácticos me confieso poco más que un gran
admirador de la vida, me complace y llena de gozo deleitarme simplemente
contemplando a la gente con sus pequeñas manías y virtudes, ver cómo la
vida se abre paso a pesar de los obstáculos y cómo estos van formando
un carácter y una personalidad. La humanidad y su potencial me fascinan
por encima de todas las cosas. A veces por ello puedo pecar de parecer
serio o callado cuando en realidad sólo estoy procurando capturar el
momento y no estropear la escena que tengo delante con alguna metida de
pata de las mías...
Éste soy yo a mis 29 años, con mis muchos
defectos y mis pocas virtudes. Si se me considera o no una buena persona
dependerá solamente de quien observe. Eso ya no es asunto mío, a mi
sólo me corresponde intentar ser mejor que ayer.
Mil gracias y como dicen los sabios africanos ¡Ubuntu!
Me gusta la nostalgia fiel consorte de la lluvia,
me resulta una dulce compañera.
Te armas invernal caballero para resistir la intemperie
y son tu abrigo y bufanda, lanza y escudo contra Bóreas el inclemente
quien sopla sin descanso a todo valiente
que se atreva dejar la manta y la tele.
Sales a la avenida, efímeros duendes de vaho emergen de tu boca
jugando etéreos en el
aire evocando ideas, sólo para disolverse
acribillados bajo una tromba de balas que infatigable cae
del cielo.
Pasan coches por la calle trazando lineas con sus faros
estallando en mil destellos de otoñal pirotecnia
y apetece pasear por la avenida jugando a buscar refugio,
sonrisas cálidas y una taza caliente por brasero
para fundirla abrazada entre los dedos.
Abriendo el paraguas empezás a andar intermitente,
clavándote como poste en cada escaparate que te cruza,
pues los escaparates se hicieron para días lluviosos,
es sólo que lo hemos olvidado;
las diminutas gotas que hacen piña como un sutil rebaño
deslizan por la cristalera en un éxodo de su vertical prisión
y tras ellas, tímidas luces de un teatro miniatura
iluminan los adornos que escogidos con esmero
se vuelven miel para las curiosas abejas, embelesadas acercándose a observar.
Adornos, que guardan el poder de arrastrarte a tu infancia,
cuando amotinado soltabas la mano de tus padres corriendo a
maravillarte ante el colorido espectáculo aspirando estupor.
Abrazando los cielos despides el guarda lluvia,
por un breve momento te olvidas de la compra, del trajín y las prisas,
del frenético ritmo de vida que adoptaste
el día que decidiste ya eras mayor.
Colándose por tu cuello una gota kamikaze intenta frenarte
y en su escalofriante suicidio asoman los recuerdos de tu primer hogar,
perdido lejos en la memoria de una mente ajetreada por el día a día:
¡Que acogedora era la casa! ¿os acordáis del crepitar de la leña?
sus aromas serpenteando desde la cocina
donde mamá probaba sin convencerse el caldo
que preparaba con más amor que ingredientes
y el abuelo roncando en el sofá frente a una televisión
que sin público ni vergüenza alarmaba cosas de grandes,
pues nosotros, los niños, estábamos demasiado liados,
seducidos mirando tras la ventana un mundo
que mudaba de piel a cada partícula que alimentaba la tierra
o pintando de alientos e índice paisajes fantásticos en el cristal.
Todo cobra renovado valor bajo la lluvia,
oculta una mística inherente a ella,
será quizá que el voluntario sacrificio de purificarse en su abrazo,
de luchar contra los elementos acabe por recordarnos cuan frágiles somos,
aportándonos gota a gota una pizca de humildad.
Las palabras se acumulan polvorientas en un cajón olvidado de mi escritorio, esperando
relucir en su mejor momento como collar de perlas heredado. Impacientes se cuelan en mi consciencia taladrándome el cráneo con sus etéreas
voces -úsanos, danos vida- me piden mientras mi mente vaga intentando
aferrarse a emociones que las hagan reflotar. Pero ¿qué siento? cómo lo
siento? Si bajo este rostro aparentemente sereno irradian fuego
devorador y tormentas tropicales, vorágine de memorias fragmentadas
recoriendo pasajes de mi infancia, presente y futuro, entremezcladas con
dudas, fantasías y un pizca de sensata locura para aguantar este caos
con mucha menos elegancia de la que quisiera...
Lo único que está claro esque soy un completo desastre.