"Veo la cultura festival y el arte visionario como potenciadores del
sentido de ser una civilización planetaria. Tiene que ser imaginado
antes de que se pueda llevar a cabo. Ahora mismo sólo podemos imaginar
los peores escenarios de dominación, en lugar de liberación. Lo que ya
existe en muchos corazones de la gente es un sentido de unidad con la
humanidad y con la red de la vida. Simplemente la violación del sentido
común y los principios éticos están destruyendo el planeta. Así que, en
el emerger de una civilización planetaria nuevas formas de abarcar estos
problemas comunes, tendrán que ser inventadas ¿sabes? Será a través de
imaginación visionaria y creativa que las soluciones se podrán
conseguir, ninguna otra cosa. Esta es la generación que está plantando
la semilla para una civilización planetaria. Hay muchas mentes
tremendamente geniales vivas imaginando nuevas soluciones para los
problemas de nuestra cultura. Todas estas cosas, ya sea si son arte
visionario o cultura festival, son las que hacer nacer la inteligencia
subterránea. Lo veo como el micelio, todos estamos conectados como el
micelio, subterráneos, y ocasionalmente emerge floreciendo como un
festival. La inteligencia subterránea es mundial y fructifica por todo
el mundo con cualidades similares, que llamamos, la Tribu del Amor. Tenemos
que ser conscientes y hacer lo que cada uno de nosotros pueda, pero
también debemos mantener un cierto grado de fé y amar lo que sea que nos
ocurra en el día a día porque somos los creadores, o los autores de la
historia de nuestras vidas.”
- Alex Grey
viernes, 7 de agosto de 2015
No nos dejes señor no nos abandones suplicaba desesperado el violín llorando por las paredes
de la iglesia
resonaba angustiado mientras
inexorablemente se cubria sepultado bajo la indiferente nieve de los abanicos lejos el único escuchando su lamento era el bebé conmovido llorando en la quinta fila.
dueños de toda suerte
de macabros vicios
empujando abuelitas
meando en los parquimetros
saltandose siempre las colas
no recogen la caca de sus perros
se regodean con malicia
dando perejil a los conejos
su pasatiempo favorito:
meter hamsters en el microondas
os lo digo mis hermanos:
¡son lo peor estos rojos!
Mucho ojo con los rojos
pecadores, fornicadores
tentadores, arrogantes
perezosos y blasfemos
no respetan los credos
no temen a Dios
reconocereis siempre al rojo
enciendose el canuto
con las velas a San Jorge
cuando no mira el cura
se come las hostias a puñados
peligrosos y asesinos
seguramente estarian mejor
en la hoguera estos rojos.
Hoy abandono la comodidad,
con paso firme me adentraré en las llamas
canalizando el dolor
catapultándome en él
quemándolo combustible
en los hornos de mi alma.
voy a romper la máscara
destrozarme el ego
en esfuerzos extraordinarios
atravesaré los cristales
de mis espejísmicos límites
para comprobar que estoy vivo
y no sólamente existo.
Templaré la espada
hasta dejarla blanda y cálida
y fortalecida y orgullosa
marcando mi cuerpo
con las huellas del camino
sonreiré satisfecho
haber atravesado la tormenta.
Ha llegado la hora
de reclamar mi lugar
para dejar de ser testigo
y volverme el bravo héroe
de mi propia historia.
Puedo hacerlo mejor
quiero hacerlo mejor
voy a hacerlo mejor.
sábado, 30 de mayo de 2015
"Hoy me escapo de nuevo del trajín y las prisas de los recados y los recodos del mundo y de mi mísmo. Me voy al bosque a vaciarme de mis ansias de mis miedos y anhelos, de deseos corruptos y pesados pesares. Para que pueda nuevamente despojado y despejado con mirada cristalina volver a llenarme de tí".
Despertar
golpear el despertador
bostezando perezoso —5 minutos más—
¡abrir los ojos! ¡saltar de la cama! ¡vestirse corriendo! ¡salir volando! —sin desayunar—. Observar el brillo de las hojas escuchar el canto de las aves preguntarse si es fiesta —¿por qué todos los comercios están cerrados?—, llegar a la cita desorientado y confundido y mirar el reloj sólo para percatarse que ha llegado 2 horas antes.
Hay una lección para la que nada ni nadie puede prepararnos, y es el desapego.
¿Te acuerdas del día que nos conocimos? Eras una bolita desaliñada de pelos y llanto, patilargo y felpudo. Te pasaste el trayecto del autobús berreando desde el interior de la caja de cartón/transportín que improvisé para traerte conmigo. Yo tosía intentando disimular tus maullidos sin convencer a nadie, por poco nos echan a medio camino —no tenía idea que te podían denegar llevar mascotas en un transporte público.— De pequeño eras tan asustadizo que me acostumbré a llevarte a dormir a mi cama; apoyabas la cabecita sobre mi cuello y ahí te dormías con tu diminuta sinfonía motora retumbando en mi regazo. Estuviste con nosotros desde el primer mes que salimos del valle, dispuesto a adornar nuestra nueva vida en la
vieja casa de Cabanillas —la antigua casona estaba hasta arriba de salamanquesas, necesitábamos a alguien que las espantase, esa fue la principal razón de adoptarte pero nos has dado tanto amigo, muchísimo más que eso—.
Me enseñaste el valor de la compañía, la más simple y pura compañía, sin
adornos ni serpentinas. Sólo estar ahí y salvar de la soledad a quien
se siente abandonado. Sabes? La palabra compañero proviene del latín con-panarĭum; esto quiere decir, compartir la cesta del pan. El pan de cada día, las cosas cotidianas, y eso es exactamente lo que has hecho por mi. Hemos pasado por tantas cosas juntos compañero. Estuviste con nosotros cuando nos independizamos, con nosotros te quedaste cuando se vino a vivir Tatiana y me acompañaste durante el duelo de nuestra caótica ruptura. Ahí estabas el día que implosioné y fuiste mudo testigo y escolta de mi renacer. Te viniste a Buitrago cuando clausuramos la casa-cueva, vigilando celoso mi nueva habitación —ni un sólo día pudieron las perritas de mamá colarse, ahí estabas para proteger nuestro nuevo espacio.— Cuando volvimos a la cabrera hace unas semanas, ya traías aspecto preocupante. En un principio pensé que se debía al estrés de la mudanza y el haber estado los últimos meses encerrado —nunca te gustó la casa de Buitrago, pasabas el día metido en mi habitación.— Llevamos más de dos semanas luchando contra la cruel hemobartonelosis y lejos de aguantar veo como día a día nos gana más terreno, siento que estoy remando a contracorriente. De verdad que no me importaría seguir endeudándome, el problema es que esta enfermedad, tan implacable como las lluvias del litoral de Valparaíso, es un torrente que te está arrastrando cada día más.
Siempre has sido un quejica, te has pasado la vida siguiéndome a todos lados exigiendo atenciones. Ya ni siquiera eso me has dejado, hace semanas que te fuiste, ahora lo sé. No quería verlo, lo presentía pero no quería verlo. Ya sólo queda una carcasa de ojos vacíos, la sombra de lo que un día fue mi silencioso compañero de las horas muertas. No te mereces este sufrimiento colega, empapado en tu propia orina y demasiado débil como para mantenerte en pie. Vales mucho más que esto. No puedo retenerte, por mucho que intente forzarte a comer y llenarte de píldoras e inyecciones no puedo. Te has ganado a pulso la dignidad, no está en mi mano salvarte, tengo que ser fuerte y dejarte ir.
La veterinaria me permitió traerte a casa para pasar la última velada juntos, y aquí estamos, tú sobre mis piernas como tantas otras noches de reflexión, pero esta es una lección amarga, tan necesaria como agria. El desapego es la última enseñanza que me dejas amigo; me está costando tanto que se empapa tu pelaje con mis lágrimas mientras intento recomponerme y ordenar mis ideas en medio de la vorágine de recuerdos y emociones que me asaltan. Sé fuerte compañero, por la mañana se habrá acabado todo, pero no te habrás ido, no del todo, porque sé que te quedas conmigo.